Momentos de Reflexión

 

¡Conéctate con papá Dios!

 

 

 

El tiempo ha llegado: ¡El hombre puede comunicarse con el Espíritu Divino! ¡Aprovéchalo! Ponte en contacto, en línea directa. Aprende a dialogar con nuestro Padre espiritual y a recibir sus mensajes.

A Papá Dios, siempre le han agradado los que intentan comunicarse con Él, porque Él siempre ha estado ahí, esperando a que lo llamen sus hijos. Pero no suena mucho su "teléfono". Sus criaturas suelen preferir hacer otro tipo de llamadas. Y cuando es Él el que llama, nadie contesta. Ni siquiera alcanzamos a oir el timbre. Estamos demasiado ocupados como para escuchar aquella voz suave y amorosa, justo cuando queremos hacer lo que nos viene en gana.

Donde las cosas cambian, es cuando tenemos serios problemas. Entonces, descolgamos nuestro "teléfono", caemos de rodillas y se nos ocurre hacer una "llamada", pedir socorro, ya que todos los demás recursos fallaron...-"¡Dios mío, haz algo, ayúdame, ten piedad, ya no puedo más!"- Y esperamos la respuesta, impacientes. Pero generalmente, no se oye nada. Dios aparentemente no contesta. Pareciera hacerse el sordo, no estar ahí. Las dudas empiezan...¡Dudar de Él que es el Amor, pedirle que tenga piedad a Él, que es la Piedad...!

Mientras tanto, Papá Dios nos está hablando. Pero ni lo oímos; estamos tan poco acostumbrados a dialogar con Él, que ni siquiera reconocemos Su voz cuando nos habla. Vaya uno a saber qué palabras utiliza, cómo se expresa...mmh, quizás el lenguaje que use sea el del amor. Eso, eso es...¡el lenguaje divino es el del amor!

No basta con pedir lo que necesitamos, hay que saber recibir lo que nos es dado. Es preciso tener práctica, para poder comunicarse con Papá Dios y captar sus mensajes. Y ¿cuál es esa práctica? La que nace de hacer el bien que brota del amor. Nosotros podemos decirle todo lo que queremos. No hay problema, Él escucha, es más, ya lo sabe.

¿Pero cómo saber cuándo y cómo Él contesta?

Es sencillo. Hay que orientar nuestra antena. Como la de un televisor cuando queremos recibir una imagen nítida. O con una radio cuando buscamos la frecuencia de una estación para escuchar un programa. Y esa frecuencia es la del amor.

Por supuesto, hay que evitar las interferencias. Desconectarse de todo lo superfluo, de todo lo material. Olvidarse hasta de los propios pensamientos. Refugiarse en el silencio. Y ahí, hablar con este Dios que necesitamos, como a un padre, un amigo, un confidente. De manera sencilla, humilde, sincera. Con el corazón, con fe, como un niño cuando se dirige a sus padres convencido de que es amado, escuchado, y que será ayudado, socorrido.

Entonces el milagro se produce. Siempre hay una respuesta. Bajo alguna forma. No siempre es la respuesta que esperábamos. Pero siempre es la que nos conviene. Hay que saber captarla e interpretarla. A veces ocurre que nos dormimos esperando la respuesta. Y nos viene un sueño. Este sueño tiene un sentido, un significado. Es la respuesta. Otras veces, un pensamiento atraviesa de repente nuestra mente; aclara una duda, disipa un malentendido. Parece haber brotado de quien sabe donde, pero sabemos de dónde y de quién proviene.

Y la intuición, el presentimiento, ya sabes, esta sutil impresión nacida en lo más hondo de nosotros, que no engaña ni se equivoca. Los que han afinado su sensibilidad espiritual, tienen muy desarrollado estos dones, que se han dado en llamar equivocadamente "un sexto sentido". Y cuando esa sensibilidad está despierta es como si el teléfono de Papá Dios sonase cada vez que es necesario para avisarnos, orientarnos, informarnos, aconsejarnos, consolarnos.

Hay muchas más facultades nuestras que Papá Dios utiliza para comunicarse con nosotros. Las descubriremos a medida que aprendamos a ponernos en contacto con Él, usando el divino lenguaje del amor.

 

 
 

¡Conéctate con papá Dios!

 

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