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Uno de los libros más curiosos que usted pueda
leer es El arte de amargarse la vida, de Paul Waztlawick. Lo triste del caso
es que hay quienes son maestros consumados en ese arte deplorable sin haberlo
leído. Peor aún, también dominan a la perfección otro ejercicio funesto: el
arte de amargarles la vida a los demás. ¿Cómo lo hacen? Ante todo, no se
quieren a sí mismos y, como es lógico, no pueden querer ni ser queridos por
nadie.
Por cada respiración tienen una queja, nada les
gusta y sólo miran el lado oscuro de la existencia. Para ellos todo es malo,
lo malo debía ser bueno, lo bueno debería ser perfecto y lo perfecto
pluscuamperfecto. Se complican la vida con lluvia o con sol, ricos o pobres,
con frío o con calor, adentro o afuera, solos o en compañía. Y pensar que todo
mejoraría si eligieran aceptarse y aceptar, amarse y amar. Pero no lo hacen
porque disfrutan el arte de actuar como víctimas. No obstante, un día pueden
empezar a convertirse en excelentes amantes.
Con esa intención comparto este pensamiento de Jalaluddin Rumi, considerado
uno de los más grandes místicos sufíes y nacido en 1207: “Dondequiera
que estés, sea cual sea tu condición y hagas lo que hagas, sé siempre un buen
amante”. No está de más recordar que aquí el término amante va en su
sentido original: aquel que está siempre amando. Con amor se puede catar un
buen vino o saborear un vaso de agua, estar en un club elegante o pasear junto
a un río.
Podemos barrer el piso con amor y con amor navegar en Internet, elegimos amar
sanos y también enfermos. Es una elección del corazón y todo depende de la
conciencia que tenemos y de cuán cerca estamos de Dios. Hay quienes aman desde
una silla de ruedas y quienes odian sentados en un moderno asiento en su
oficina. ¿Cuál es tu elección? Ámate, ama a los demás, ama a Dios y ama lo que
haces, porque eso y sólo eso es lo que cuenta.
El mundo no necesita tinieblas, playboys o playgirls, pero sí reclama millones
de amantes: personas que se aceptan y aceptan a los demás con un amor
compasivo y comprensivo. Seres abiertos al perdón y generosos en la admiración
y la entrega. Amantes verdaderos, dispuestos a estar con el ser amado en la
salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la pobreza y en
la prosperidad.
Usted es un buen amante si hace todo con amor y por amor. El arte de amar es
el arte de iluminar su vida y de alegrársela a los demás, cambiando lágrimas
por sonrisas. Sea un buen amante.
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