HERENCIA A LOS HIJOS


Durante una conversación mantenida con mi hijo Pablo, él me decía, hablándome de su hijo, la enorme preocupación que sentía por él, y me comentaba sus luchas y esfuerzos por dejarle a su hijo buenas cosas en herencia, y al final me puntualizaba un grave error que él mismo observaba para sí mismo, como padre cristiano y es que muchos padres cristianos nos preocupamos mucho más por guardar cosas para nuestros hijos, pero colaboramos poco para dejarles lo único bueno y perdurable, que los mantendrán en el área de las mejores bendiciones, y esto es la IGLESIA.

La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es nuestra contribución al mantenimiento y edificación de la Casa de Dios. Esto, mis queridos hermanos, me llevó inmediatamente al texto que en esta mañana deseo compartir con todos vosotros. Está el rey David delante de toda la asamblea de Israel y les dice "Ahora, pues, ante los ojos de toda Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardar e inquirir todos los preceptos de la palabra de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en Herencia a vuestros Hijos después de vosotros perpetuamente" (1ª Crónicas 28:8)

Todo este capítulo, todo este mensaje del rey David a su pueblo tiene un solo motivo, La Casa de Jehová Dios, y la parte de cada miembro de la congregación de Israel en la construcción de la misma. David había tenido en su corazón el deseo de construir una Casa para poner el Arca de Jehová, que aun en sus días estaba bajo una tienda (1ª Crónicas 17:1)

Dios aprueba este deseo de David, pero le envía a decir por su profeta Natan que no será él quien le edifique casa, sino su hijo Salomón, porque David había derramado mucha sangre (1ª Crónicas 28:3) David tomó esta noticia con verdadero regocijo, y a partir de ese momento empieza a reunir materiales, oro y plata, bronce, madera, comprar el lugar donde se va a edificar la Casa de Jehová, trabaja sin cesar para organizar todo lo que estaba en los diseños entregados por el mismo Jehová a su siervo para la construcción de su casa. David no escatimo esfuerzos ni dinero de su propio bolsillo para la construcción de la Casa para el Nombre de Jehová. No será él quien la construya, pero si que amontonará de todo lo necesario, de todo lo mejor para la construcción de la Casa de Jehová. Y cuando ya lo tiene todo preparado, reunió a toda la congregación delante de Dios y les habla del legado que él mismo les deja a sus hijos para que ellos a su vez también se los dejen a los suyos. De esto trata el capitulo 28 de 1ª de Crónicas.

Y ¿Qué enseñanzas tienen estas cosas del Antiguo Testamento para nosotros? Muchas, y en gran manera, ya que todas aquellas cosas sobre el Tabernáculo y el Templo eran sombras y figuras de Cristo y su Reino, de Jesús y su Templo, el cual es su cuerpo y su Iglesia. David fue el primero en contribuir de su hacienda con todo lo mejor que tenía, y con toda abundancia, reconociendo que solo daba a Dios de lo que Dios le había dado a él (1ª Crónicas 29:14)

Después anima a su hijo Salomon para que haga la obra, y le traspasa todo lo que había preparado para que él se esfuerce y haga la obra (1ª Crónicas 28:19-20) David estaba en la línea de Pablo cuando escribía a Timoteo en su 1ª Carta 5:8 "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo"

Una buena y consolidada Iglesia es la mejor herencia que los padres cristianos debemos dejar a nuestros hijos. Cuando los padres creyentes aman la obra de Dios más que a sí mismos, más que a sus trabajos, dinero, intereses... cuando el reino de Dios se construye dándole la prioridad en todas las cosas, nuestros hijos crecerán amando esa casa (Iglesia) de la misma manera que ellos ven en sus padres.

Cuando ven a sus padres entregados y entregando todas sus cosas, colaborando con la construcción día a día de la familia de Dios, esa será la herencia o legado que transmitiremos a nuestros descendientes. Y en ellos se cumplirán las palabras del salmo 128, no faltará linaje bendito de Jehová en nuestras familias.

En 1ª Corintios 3, Pablo habla de la Iglesia como un edificio en construcción, y en ese edificio, cada cristiano debe ser colaborador con Dios en la obra. El fundamento de esa obra es el mismo Cristo, pero sobre ese fundamento podemos sobreedificar con materiales buenos o con materiales malos. Unos materiales serán aprobados por Dios y otros serán quemados en el fuego.

Colaborar con Dios en la construcción de su Iglesia es un inmenso Favor que Dios nos ha concedido, pero Dios mira lo que le ofrecemos para su obra. David no quiso nunca ofrecer a Dios cosa alguna que no le costará nada (1ª Crónicas 21:22-26) Si nosotros queremos dejar como herencia de nuestra fe a nuestros hijos una Iglesia que este bien edificada entre sí, hemos de dar lo mejor de nosotros mismos. Lo que nuestros hijos observen en nosotros con relación a nuestro compromiso con la obra de Dios, así serán ellos, y sentirán ellos por la Casa de Dios.

El mejor material que podemos invertir ahora para la edificación de la Iglesia es entregarse al amor por la obra, el sacrificio por la obra, nuestra dedicación, asistencia, oración perseverante y la comunión entre los miembros de la familia, la misericordia, la paz y muchas cosas más.

Al contrario, sé los materiales que empleamos son de mala calidad, como pueden ser los celos, las envidias, los enojos, murmuraciones, desinterés, protagonismo, pleitos, contiendas... estos son los materiales que un día serán pasados por el fuego, y lo más triste de todo esto, es que la herencia que dejaremos a nuestros descendientes desaparecerá en el mundo como muchos de ellos.

No debemos afanarnos tanto por las cosas que son de este mundo y que deseamos dejar a nuestros hijos. La mejor herencia que podríamos dejar es la de una Iglesia bien edificada entre sí. ¿Cómo será le herencia espiritual que dejaras a tus hijos? ¿Qué compromiso tienes para con la obra de Dios? ¿Qué será para ellos la Iglesia del mañana? ¿Qué recordaran de la fe de sus padres?

Y no olvidemos que la fe se manifiesta por las obras que hayan quedado atrás. Dios no puede ser burlado, pues lo que sembremos, eso será lo que seguemos. Muchos hijos de creyentes, una vez alcanzada la mayoría de edad, abandonan las Iglesias de sus padres, incluso abandonan las casas paternas

Puede que algunos salgan rebeldes sin haber tenido malos ejemplos de sus padres, pero el testimonio de muchos de estos hijos de padres cristianos han sido de los más tristes. Cuando han recordado a sus Iglesias, las relaciones entre sus miembros, cuando han comentado sus experiencias vividas, lo que habían escuchado en sus hogares cuando venían del culto, la falta de interés que sus padres mostraban por las reuniones de la Iglesia, su falta de vida piadosa en las relaciones familiares...

Los hijos, mientras crecen, son receptores tanto de lo bueno como de lo malo, y son estas experiencias las que jamás olvidaran, y que formaran para siempre su patrimonio o legado que recibieron de sus mayores. No olvidemos que lo que ahora hagamos de nuestra fe con relación al valor y lugar que damos a la Iglesia en nuestra vida, así nuestros hijos sentirán por ella.

La Iglesia no es tener un local abierto de nuestra pertenencia, tener un pastor pagado para que nos haga el trabajo, un local abierto para cuando nos convenga (presentaciones, bodas). Por todas estas cosas, la Iglesia debe ser algo más.

MANUEL SALVADOR.
Predicador de la Iglesia de Cristo en Sevilla

 

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