
Ven a tocar mi puerta Jesús Divino, antes que el sueño de la muerte venga, y me cubra de frío y de silencio...
Cierto es, que a veces, en forma de un anciano solo y triste llegaste hasta mi puerta, Apoyando la mano en tu cayado; con polvo del camino y tan cansado
A veces eras niño con hambre y mucho frío y ni un trocito de pan, menos de cariño
Y aquella otra ocasión, un pobre enfermo reflejaba el dolor en su semblante; y tocando con mano vacilante, una limosna por amor rogaba. Esta vez al abrir, sentí de pronto, el horror que aquel hombre me causaba, las llagas de su cuerpo supuraban; y al pensar que su mal me contagiara; ¡Cerré la puerta, de golpe y en su cara!
En forma de un mendigo o de un lisiado ¡Cuantas veces SEÑOR habrás tocado! y yo me he hecho sordo a tu llamado. Buscaste caridad donde no habia, un poco de calor y no lo hallabas; solo hubo mezquindad y en mi osadía, negaba todo a aquel que me lo daba.
Si al corazón contrito y humillado, por tu inmensa bondad has perdonado, ¡Perdóname SEÑOR, ven a mi puerta! Hay tanta soledad y esta desierta.
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