
surcos duros de la tierra,
En las tranquilas riberas de placeres que me duerman.
No dejes mi divino segador
¡Oh tiempo de sol dorado! ponga en tu divino granero.
que meta mi hoz en tus auras doradas, las horas placenteras de tus siegas.
Verano, no te vayas de mi llévame a tus horas felices de trabajos, porque tu serás en mis esfuerzos mi descanso.
Tiempo de estío, tu serás mi muevan en tus divinas eras.
En las tranquilas riberas de placeres que me duerman mi verano, muriendo feliz
¡Oh tiempo de sol dorado! déjame que vaya a segarte, tiempo de estío, oro y plata esfuerzo que en ti será descanso.
¡Oh divino tiempo de estío! Verano ardiente, redimirte Publicado en boletin Interior "Testimonio" nº 231 Copyright © 1999, Iglesia de Cristo de Sevilla
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