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DOMINGO  5  de Febrero de 2006 - Nº 393

Una de las predicciones más asombrosas que hay en la Biblia se hizo en medio de un desastre nacional. El orgullo de Israel había sido quebrantado. Justo después de una derrota militar, algunas de las personas más religiosas del mundo se preguntaban si Dios los había abandonado. Muchos de los mejores y más brillantes jóvenes de Israel habían sido exiliados a Babilonia, una región que hoy se conoce como la nación de Irak.

Uno de esos jóvenes era un exiliado llamado Daniel. En las oscuras sombras de Babilonia, él se ganó la reputación de interpretar sueños y predecir el futuro.

Hoy miramos a Daniel retrospectivamente como un importante profeta judío que no sólo ahondó en la espera de un Mesías venidero, sino que también predijo cuándo vendría este Mesías. Esta predicción es tan estimulante que muchos eruditos han intentado argumentar que la profecía más controvertida debe haberse escrito después de los hechos. Sin embargo, en 1948 se encontraron antiguas copias del libro de Daniel en los rollos del mar Muerto. Los eruditos tuvieron que admitir que las predicciones de Daniel fueron escritas a más tardar en el siglo II a.C. Esa conclusión coloca las profecías  mucho antes de los acontecimientos que se predijeron. Entonces, ¿Qué fue lo que Daniel previó? Daniel dijo que el tan esperado Mesías vendría antes de la destrucción de un templo reconstruido. Todavía más específicamente, el profeta dijo que el Mesías vendría después de un período de 69 «semanas». Ese es el tipo de profecía que merece cobertura de primera plana en todos los periódicos del mundo.

¿Cuál es el trasfondo de esta profecía? Setenta semanas de historia.

Mientras se encontraba en el exilio, Daniel se enteró de por qué su nación había sido derrotada en las invasiones babilonias de los años 605 y 586 a.C. Al estudiar al profeta Jeremías (JEREMÍAS 25:11; DANIEL 9:2), descubrió que su pueblo estaba soportando 70 años de exilio por causa de 490 años de negligencia espiritual. Durante ese tiempo el pueblo demostró su falta de interés en Dios al no dar a sus campos 70 descansos sabáticos cada siete años.

Setenta semanas de futuro. Cuando Daniel miró retrospectivamente a 490 años de idolatría espiritual e infidelidad se enteró de que su generación se encontraba en un punto crucial en la historia. Según el capítulo 9 de su profecía, el ángel Gabriel se le apareció y le reveló que pasaría otro período de «setenta semanas» antes de que el Mesías apareciera para traer la paz que ellos habían estado esperando (DANIEL 9:24-27; ISAÍAS 2:14; GÉNESIS 12:1-3).

La predicción fue mesiánica en su alcance.

Algunos escritores judíos insisten en que el Mesías previsto en la visión de Daniel era Ciro, el rey persa, quien conquistó a Babilonia y luego dio al pueblo judío permiso para regresar a su tierra. Señalan al profeta Isaías, el cual cita a Dios refiriéndose a Ciro como a «su ungido» (literalmente, «su mesías») en Isaías 45:1.

Ciro fue el siervo escogido de Dios para regresar a Israel a su tierra. Sin embargo, Ciro no encaja con el  resto de la descripción (véase DaNIel 9:24). El Mesías de Daniel había de venir 69 «semanas» después del «edicto de regreso». Entonces, este Mesías había de ser «cortado», como si se tratara de una derrota, antes de la muy esperada paz de una era mesiánica (v.24).

La predicción dice cuándo vendría el Mesías.

Al mirar atrás, la predicción de Daniel fue que el Mesías vendría 69 semanas (69x7=483) después de «la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén» (Daniel 9:25). ¿Cuándo se dio esa orden? Existen tres posibilidades. La Biblia menciona tres edictos de dos reyes persas que dieron al pueblo judío el derecho de regresar a su tierra. En el año 538 a.C, Ciro emitió un decreto permitiendo al pueblo judío comenzar a reedificar su templo. Artajerjes emitió posteriormente dos decretos más. El primero fue en el año 458 a.C, y también autorizaba la reconstrucción del templo. El segundo fue en el año 444 a.C, y claramente permitía la restauración tanto del templo como de la ciudad de Jerusalén.

Para ver el asombroso significado de esta profecía, mire lo que sucede si probamos la posibilidad de que Daniel estuviera previendo 483 (69x7) años en vez de 483 días o meses. Si comenzamos en el año 538 a.C. y seguimos la predicción de Daniel de las 69 semanas, llegamos alrededor del año 55 a.C. Sí comenzamos en el año 458 a.C. llegamos alrededor del 25 d.C. Y si comenzamos en el año 444 a.C. y avanzamos 483 años, llegamos alrededor del 38 d.C. Lo que para mí es muy contundente es que si agregamos 483 años a cualquiera de estas fechas de inicio llegamos a un marco de tiempo cercano, pero anterior, a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Si Daniel estaba prediciendo 483 períodos de tiempo mayores que años, el resultado iría más allá de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

La predicción dice que el Mesías seria «cortado».

Aunque Jesús de Nazaret vivió dentro del marco de tiempo que Daniel parece anticipar, muchos judíos insisten en que Jesús no pudo haber sido el verdadero Mesías porque no trajo el esperado reino de Dios. No obstante, Daniel, junto con otros profetas judíos, indica que el Mesías de Israel sería «cortado» (es decir, muerto) en una aparente derrota antes de reinar como Rey de reyes (DANIEL 9:26; ISAÍAS 53:1-8,10-12; ZACARÍAS 12:10; 14:3-9).

La profecía muestra que el «ungido» sería «cortado» después de la «semana» 69 y antes del inicio de la 70 (DANIEL 9:26-27).

¿Se da cuenta de lo que esto implica? Daniel nos dio no sólo un marco de tiempo para cuando el Mesías había de venir, sino que también nos dijo que este «ungido» sería rechazado antes de traer la paz de su reino a la tierra.

¿Quién podría ser este Mesías?

¿Quién, dentro del marco de tiempo de Daniel, podía calificar como el Mesías «cortado»? Y si el Jesús crucificado y resucitado es el único que califica, ¿quién puede darse el lujo de ignorarlo? Si solo Cristo es el Salvador y Rey prometido de Dios, ¿adonde, sino a El, podemos acudir para encontrar perdón e inmortalidad?

Si Él vino la primera vez, como se predijo, tenemos todas las razones del mundo para escuchar su promesa de regresar en un momento que sólo Dios sabe. Nuestro Señor dice: «Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen» (Mateo 24:44).

Mart De Haan

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  FALLECIMIENTO

El pasado viernes 27 de Enero falleció el hermano de nuestra querida hermana Mari Pérez después de padecer una grave enfermedad. Oremos por nuestra hermana y su familia.

    CENA EN LA IGLESIA

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El próximo viernes día 17 de Febrero se celebrará en la iglesia una cena para parejas con motivo del día de los enamorados. El precio será de 18 € por pareja y comenzará a partir de las 9:30 de la noche. Esta velada estará organizada por el Grupo de Jóvenes y en ella habrá algunas sorpresas. Si estas interesado en asistir ponte en contacto con Débora Juliá o Miguelito Perdomo.

    CENA ROMANTICA

También el próximo sábado 11 habrá una cena para matrimonios en el Hotel San Pablo organizado por el ministerio “De familia a familia” a las 20:30 h. y el precio será de 55 € pareja. En esta cena también habrá una actuación musical.

     MANTENIMIENTO DE LA IGLESIA

El próximo sábado 18 a las 10 de la mañana  habrá la tradicional jornada de limpieza general y pintura de nuestra iglesia por lo cual hacemos un llamamiento a todos los miembros que puedan para que vengan a echar una mano ya que mientras mas seamos antes terminaremos todas las faenas que son necesarias para acondicionar de forma optima nuestra iglesia.

     SALIDA AL CAMPO

Está prevista una salida al campo para el próximo día 28 de este mes, martes, en la cual se preparará una gran paella y habrá sardinas asadas. Aprovechemos este día para confraternizar unos con otros.

 


 

Escuché una historia de una iglesia pequeña que iba a celebrar una reunión. Un antiguo miembro que asistió a la celebración se había vuelto millonario. Cuando testificó de cómo Dios lo había bendecido con el correr de los años, contó un incidente de su niñez.

Dijo que cuando ganó su primer dólar cuando era niño, decidió guardarlo por el resto de su vida. Pero entonces, un misionero visitante predicó acerca de la urgente necesidad que había en el campo misionero. El luchó para decidir si debía o no dar su dólar. «Sin embargo, el Señor ganó» dijo el hombre —.

Entonces, con cierto orgullo agregó: «Coloqué mi atesorado dólar en el plato de las ofrendas. Y estoy convencido de que la razón por la que Dios me ha bendecido tanto es porque cuando era niño, le di todo lo que poseía.»

La congregación se quedó pasmada con este testimonio hasta que una ancianita que estaba en el frente dijo en alta voz: «¿A que no se atreve a hacerlo otra vez?»

Detrás de esa historia hay una verdad vital: los logros del pasado no son una medida de la madurez espiritual presente. El Salmo 119:44 dice: «Y guardaré continuamente tu ley....» El salmista sabía que necesitaba renovar su compromiso todos los días.

Los cristianos no podemos descansar en victorias pasadas, debemos dar al Señor toda nuestra devoción ahora. Así, nadie tendrá que desafiarnos diciendo: «¿A que no te atreves a hacerlo otra vez?»

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