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DOMINGO  4  de Abril de 2004 - Nº 357

LA OBSESIóN

 

 

“Y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee”. (Lucas; 12-15).

La obsesión de la gran mayoría de las personas es la de proveerse de muchas cosas para el cuerpo. Su meta y único fin es la sola filosofía, de, y para la carne; y que solo se reduce a poseer u otras cosas que le reporten placeres, comodidades, distracciones, creyendo que es lo único necesario para vivir. Los deseos de la carne son insaciables, nunca dicen basta, y muy ciertamente la afirmación bíblica se hace presente en la manera de pensar y de hacer en el hombre (Génesis; 6-3).

La gente de nuestro tiempo no es diferente a la de la sociedad de los días antes del gran diluvio universal. Cristo nos profetizó que los días que precederían a su segunda venida serian semejantes a los tiempos que precedieron al gran juicio que vino sobre toda la tierra en los días de Noé. Aquella era una sociedad hedonista, que solo vivía para los placeres del cuerpo y de los ojos. (Mateo 24:37-39). Hoy es lo mismo salvo raras excepciones. Hoy se vive a tope, especialmente en los países donde la abundancia de provisiones es mayor. El cuerpo es lo que importa, solo se vive en lo intranscendente, en lo de ahora mismo. Solo el momento presente es lo que importa, sin darse ningún margen para pensar en la existencia de un mañana al otro lado de esta vida del Sol hacia abajo. No se quiere pensar en otra cosa que no sea la del instante presente y solo hacer de esta vida terrena un paraíso de carne y para la carne, ¿Y después? Esto importa poco al llamado hombre moderno. ¿Y que pasa con Dios? ¿Con Dios? Que mas da, el pobre alma humana no desea despegar del mundo de la carne pensando solo en agrandar sus depósitos de víveres mas y mas, engañando a su propia alma para que se regocije por muchos años, sin caer en la cuenta de que sus sueños solo son frustración y aflicción de espíritu cuando sea llamado y tenga que dejar todo en la tierra de su vanidad.

EDITORIAL


HA SIDO INTERVENIDO

Nuestro querido hermano Antonio Gil ha sido intervenido quirúrgicamente. Gracias a Dios se esta recuperando favorablemente, a pesar de tener que estar sometido a sus continuas sesiones de diálisis. El testimonio de este hermano es maravilloso. Damos gracias a Dios por el y pedimos para que se recupere pronto y pueda ocupar su asiento en  cada reunión de iglesia de las cuales a pesar de su estado de salud nunca falta.

NUESTROS RETIROS

Cuando leas este boletín solo quedaran tres días para salir de viaje a nuestros  campamentos de Semana Santa. Tenemos que orar los unos por los otros para que Dios nos cuide  en nuestros respectivos viajes, y que sean de gran bendición para nuestras vidas.


LA ACTITUD

TU CRUZ AL HOMBRO

 

Esta era una vez un hombre que quería seguir a Jesús y alcanzar a través de este servicio el Reino de los Cielos.

En un sueño profundo, aquel hombre quiso entrevistarse con Nuestro Señor, y le indicaron el camino del bosque. A poco andar encontró a Jesús y le expuso sus intenciones.

Nuestro Señor lo miró con inmensa ternura, luego desprendió del suelo un árbol joven pero alto, y le dijo: "Recorre el camino de tu vida con esta cruz al hombro y así alcanzarás el Reino de los Cielos".

El hombre inició su camino con gran entusiasmo y lleno de buenas intenciones, pero rápidamente cayó en cuenta que la carga era demasiado pesada y lo obligaba a un paso lento y en algunos momentos doloroso. En una de las oportunidades en que se dispuso a descansar se le apareció el mismísimo demonio, quien le regalo un hacha, ofreciéndosela convincentemente sin condiciones. El la aceptó, pensando que cargarla no constituía un mayor esfuerzo y considerándola una herramienta de mucha utilidad en su cada vez mas difícil camino. Pasó el tiempo y el hombre mantenía su propósito, aunque nublado por el cansancio y angustiado por la lentitud de su marcha. Entonces, bajo otra forma, volvió a aparecer el demonio y, aparentando buena disposición de ayuda, lo convence de usar el hacha para recortar un poco las ramas. ¡Que distinta se sentía la carga, que sensación tan agradable experimento el hombre al reducirla!

Al pasar algún tiempo, volvió a sufrir el peso agobiante de su cruz y pensó que si recortara otro poco la carga no cambiaría en nada su gran misión y más aún, con ello apresuraría su llegada al encuentro con Jesús; así que volvió a usar su hacha. De allí en adelante continuaron los recortes, hasta que el árbol se transformó en una hermosa cruz preciosamente tallada que colgaba de su cuello y causaba la admiración de todos. La cruz no tardó en convertirse en una moda, luego vino la fama y el reconocimiento, y adicionalmente un caminar de gacela hasta el Reino de los Cielos.

Alcanzado el final del camino el hombre muere. En medio del esplendor celestial, distingue un hermoso castillo, desde una de cuyas torres Jesús en Gloria y Majestad se dispone a recibirlo. El hombre dice: "Señor, he esperado mucho tiempo este momento. Señálame la entrada." Jesús le responde: "Hijo, para entrar al Reino deberás subir hasta donde estoy, usando el árbol que te entregue cuando iniciaste el camino hacia mi."

El hombre lleno de vergüenza reconoció haberlo destruido y lloro amargamente su error. Despertó entonces de su profundo sueño, y agradecido con el Señor, regresó al bosque aquel para tomar su cruz y llevarla entera al Reino de los Cielos. 

AUTOR DESCONOCIDO

 

Mis manos te bajaron

Dulce carpintero.

Tu cuerpo sin vida

Del extraño madero.

Envueltos entre blancos lienzos

Ponen su cadáver

En el sepulcro nuevo.

La vida descansa

Donde nunca antes

Descansó otro cuerpo.

 

Mis manos te bajaron

Jesús Nazareno.

Pilatos ordenó

Que de la cruz impía

Bajaran tu cuerpo,

Y el sello romano

Cerró tu secreto.

 

Mis manos te bajaron

Mi dulce maestro.

Autor de la vida,

Triunfante en el huerto.

Mis manos te bajaron,

Mis ojos te vieron

Y todos tus amigos

Estuvimos en tu entierro.

La tumba sellada,

La guardia en silencio.

 

Mis manos te bajaron

Mi Rey y mi Dueño.

Y ahora mientras duerme

Velamos tu sueño.

Mis manos te bajaron

Del cruento madero,

Y al pasar la noche

Abriste mi cielo.

Mis manos y tus manos

Por fin se unieron.

Manuel  Salvador

 

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