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DOMINGO  7  de Diciembre del 2003 - Nº 349

CUÉNTAME

¿Qué sucede cuando nos cuentan algo no muy bueno de nuestro hermano o algún amigo? ¿Dejamos de amarlo?

Tenemos que ser muy sinceros y reconocer que alguna que otra vez nos hemos encontrado con ese dilema. Cuando nos hemos enterado de algo que no nos ha gustado de otro hermano la reacción mas lógica es unirnos más al que te lo ha dicho y dejar de amar a aquel del cual te han hablado. Esto es muy fácil de entender y muy difícil de saber actuar con templanza.

Llegar a un dilema tan crucial como “el amarte a ti debe significar dejar de amar a mi otro hermano” es una cuestión que raya en la locura y en el desatino. Pero ciertamente estos casos suceden, tenemos una tendencia natural a inclinarnos siempre más a unos que a otros y sobre todo no querer que nuestros amigos o hermanos se inclinen preferentemente a otros sino solo a mí. ¿Digo algo que no sea como la vida misma? Esto sucede y como consecuencia trae muchos desencantos y enfriamiento a la vida de las congregaciones. En estos tipos de asuntos pienso que es donde demostramos nuestras insuficiencias espirituales y nuestra poca madurez como creyentes y también nuestra poca capacidad como personas para saber mantener nuestra propia personalidad. Es normal que nos llevemos mejor con unos que con otros, pero lo que no es normal en un creyente, es que fuera de ese circulo en el que nos envolvemos seamos incapaces de amar a otros, de extender nuestros corazones hacia zonas mas grandes y nuevas, arriesgarnos a tomar caminos desconocidos, conocer qué puedo dar o qué me puede ofrecer otro hermano a mi vida.

Si nuestro Dios para amarte a ti o a mi tuviera que dejar de amar a otros, con vidas quizás mas pecaminosas y malas que la mía. ¿Seria Dios justo? ¿Seria un padre bueno? ¿O pensamos que Dios me ama más a mí que  a otro hermano? Las dichosas distinciones de personas las hacemos nosotros y por mucho que se nos digan, las seguiremos haciendo mientras estemos sobre la tierra.

Seguramente lees esto y piensas que lo escribo porque tengo que decirle a alguien algo y aprovecho esto para hacerlo. Mira, piensa lo que quieras, pero si algo he aprendido hasta hora es a ser capaz de amar a todos. No te digo por igual, porque el roce que tengas con uno u otro hace mucho y es inevitable como decía antes que tengas mas relación con uno que con otro, pero sí a brindarles a todos siempre mi amistad y mi cariño de corazón, (eso si, sin forzar a nadie una amistad que no me quiera dar) .La amistad se otorga con el corazón y no con la obligación o el interés. No amar a mi hermano porque alguien no me deje o de alguna manera me lo impida es algo que solo hará el que aun no ha sido capaz de crecer ni una pizca y dejará su vida para siempre supeditada no a la espontaneidad del espíritu ni al fuego impetuoso del amor sino a las leyes pequeñas que otros imponen en silencio y que solo esclavizan a un corazón limpiado por Dios y hecho para amar y ser libre en los dones del Espíritu Santo. Vivir y morir sin comprobar en nuestras vidas este poder no es culpa de Dios ni de tu hermano solo la culpa es tuya o mía.

 

Pablo Salvador


AUNQUE ESTE MUERTO VIVIRA. (Juan; 11-25)

Una bacteria, un accidente, un infarto, que mas dá, lo que Dios dice se cumple sobre todo cuerpo viviente. “Porque esta establecido para los hombres que mueran una sola vez”. (Hebreos. 9-27). Así ha sucedido con nuestro hermano en Cristo José Pérez Ramírez padre de nuestro hermano José A. Pérez Carrión.

El pasado Domingo 23 nos visitaba en nuestro culto de la mañana lleno de salud y simpatía, riéndose con los hermanos y ofreciéndose para ayudar en la Iglesia en lo que fuere necesario. Unos días después una bacteria entra en su organismo y los médicos no pueden hacer absolutamente nada y nuestro hermano parte para estar con el Señor, a quien amaba de una manera entrañable y gozosa, y al que predicaba con exquisita sensibilidad espiritual. Nuestro hermano ahora goza en la presencia de Cristo, y aunque ha muerto en su cuerpo mortal, su alma esta gozando del cielo donde la muerte nunca mas existirá. Ahora son sus hijos y su amada esposa la que necesitan de las oraciones de los creyentes para que puedan sobrellevar esa separación breve del amado padre y esposo.

Nuestra Iglesia desea transmitir a nuestros hermanos José Antonio y Débora nuestro mas sincero sentir por la natural pena de toda la familia aunque nos gozamos de la esperanza de la vida eterna que ha de manifestarse en un breve tiempo en todos los que creyeron a Jesús, como aquel que nos dijo.

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque este muerto vivirá”. Juan 11:25  

DE LLENO EN LAS NAVIDADES

Estamos de lleno inmersos en las navidades y también  en los trabajos de cada año para realizarse en nuestra fiestecita. Orad a Dios para que todo sea de bendición y todo lo que se haga sea para su honra y gloria. 

ENFERMOS

Ni que decir tiene que aunque este es el mes de las fiestas, de la comida, de la bebida y del intercambio de regalos, también es el mes de la gripe que este año viene con mucha fuerza. Oremos para que Dios vaya recuperando a los que están padeciéndola y cuide de los hermanos mas delicados que les puede afectar de una manera peor.


LA ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA

La iglesia local esta compuesta por un grupo de personas que han sido redimidas por un mismo Señor, que practican unos mismos principios doctrinales y que persiguen unos mismos objetivos. Por decirlo en palabras de Pablo, forman “un cuerpo y un espíritu”, tienen “una misma esperanza de vocación”, obedecen a un Señor”, profesan “una fe” practican “un bautismo” y creen en “un Dios y Padre de todos” (Efesios 4:4-6).

Dicho esto, añado lo que sigue:

La iglesia local, que puede estar formada por 10, 50, 100 o mas personas, no es una comunidad anárquica, en la que cada cual piensa como quiere, actúa como le viene en gana e ignora a sus dirigentes.

Escribir sobre la organización de la Iglesia local con textos del Nuevo Testamento me llevaría meses y muchas páginas. Pero diré algo: La Iglesia tiene una cabeza divina, que es Cristo. Y tiene unos miembros humanos, terrenos, que somos nosotros.

El gobierno de la congregación local esta claramente, absolutamente definido en el Nuevo Testamento. Me abstengo de dar citas, que no cabrían en este artículo. Pero quien desee estudiar el tema, hay material a su disposición.

Son tres los órganos de gobierno en la Iglesia local:

En primer lugar están los Ancianos, también llamados Pastores y Obispos. Siguen los Diáconos y a continuación el evangelista. Este, el evangelista, es el que hoy día ejerce la función de predicador. Es uno. Pero los Ancianos y los diáconos deben ser más de uno. En algunas congregaciones, las responsabilidades están perfectamente distribuidas. En primer lugar los Ancianos, luego los Diáconos y en tercer lugar el Evangelista o Predicador. En otras congregaciones, a falta de personas suficientemente cualificadas, entre todos forman un Consejo, el cual tiene a su cargo el gobierno de la Iglesia local.

En todas partes y a lo largo de muchos años he encontrado a miembros irresponsables que dicen: “Pues yo no tengo por qué respetar las decisiones del Consejo”.

Bien, no lo hagas. Tampoco respete las leyes del país, ni las leyes de la familia en la que vives. Pero al hacerlo en el caso de la Iglesia, estarás perturbando la convivencia y la armonía, estarás quebrantando los principios de autoridad del Nuevo Testamento.

Juan Antonio Monroy

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