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DOMINGO  20 de Octubre del 2002 - Nº 324

 Allá donde haya un mundo lacerado debe
estar la IGLESIA.

 

Soy de la época de creyentes, en que algunos de los himnos favoritos que se cantaban, tenían que ver con lucha y guerra contra el mal: "Firmes y adelante, huestes de la fe"...

El marchoso: "A combatir resuena la potente voz"

El entusiasta: "España para Cristo muy pronto quedara..." ¡Peleemos, pues, por Cristo, nuestro Capitán!

El incitador: "Si aquí luchamos fieles..."

y muchos otros que inequívocamente recalcaban la "lucha de la Iglesia en la vida cristiana". De esta forma, cuando un viejo Pastor me preguntó: "¿Cuál crees que es el principal propósito de la Iglesia? ¿Ha de ser como un ejército o como un hospital?", piqué de inexperiencia. Como estudiante de Seminario contesté más o menos: "Creo que puede ser ambas cosas, pero pienso que la Iglesia en primer lugar ha de ser como un ejército, movilizado por Jesús con la misión de cambiar el mundo".

La verdad, es que pese a la minoría que éramos y la poca fuerza que poseíamos, nos creíamos muy bizarros.

Quizás era la juventud, el concepto de lucha me entusiasmaba acerca de la Iglesia. Las clases de eclesiología, me daban la razón, la Iglesia estaba llamada a ser triunfante, de modo que para ello, tenía que ser militante.

Aquel viejo Pastor, me hizo la siguiente reflexión: "Isra, que así me llamaba, a menos que la Iglesia sea primero un hospital, no podrá llegar a ser un ejército".

Aprender la lección del viejo profesor me ha llevado algunos años.

No hace mucho leí una frase cínica, cual su lucha, de la señora Madalyn Murray O'Hair, famosa en USA, por su defensa a favor del ateísmo y su oposición a la oración en las escuelas, la frase decía así: "La Iglesia es el único ejército que le dispara a sus propios heridos". Es evidente que esta declaración es incorrecta, que rezuma hostilidad hacia el cristianismo, pero como en la mayoría de los estereotipos, un átomo de verdad que contenga en sí, sirve para distorsionar el principio noble que se desea mantener.

Es muy posible que esta señora, no se sintió cuidada en una determinada congregación y de ahí, su secuela.

La Iglesia ha de ser el lugar donde en la práctica más se valore a la persona. La Iglesia existe como una institución diseñada para especializarse en amar a la gente. Y allí donde haya un mundo lacerado, allí debe estar la Iglesia. Exhibiendo una forma de conducta y actitud, que refleje la compasión de Jesús.

Sé que el problema se complica cuando la gente llega a la Iglesia como herida esperando todo de ella y cuando sus expectativas no son satisfechas, se desilusionan y buscan otro dispensario. O también se complica, cuando uno se conforma y hasta se acomoda a ser como el "eterno paciente". No, no me refiero a tener que estar dando siempre respiración asistida al contentado enfermo. Pero si me refiero al ministerio que la Iglesia tiene de "sanar heridos, curar ánimos, resucitar muertos", es decir ministrar a nuestra sociedad que por mucho que se empeñe está seriamente dañada. La Iglesia y especialmente sus responsables, tenemos la obligación de ejercer un ministerio tanto "sacerdotal" (cuidado del pueblo) como "profético" (transmisor del mensaje de Dios).

Ahora bien, un método bastante equivocado es construir "el santuario Hospital" (que es necesario), poner un cartel que lo distinga como casa de salud y además añada: "¡Bienvenidos!". Y a partir de ir, sentarse a esperar a los heridos. ¡Que contraste tan notable con el ministerio de Jesús, que solía salir al camino a buscar al herido, al proscrito de la sociedad, al pobre, al perdido!.

Donde abunda el dolor en una comunidad es donde la Iglesia debe estar.

Vamos más que a pensar en ello, a actuar en ello, por lo pronto, ora por tu prójimo y manifestémosle la compasión de Cristo.

Roberto Velert

Extraido de NISSI, Boletin Interior de La Linea (Cádiz) Septiembre 2002

FALLECIMIENTO

La madre de nuestro hermano Francisco García Patricio fue llamada por el Señor el día 11 de este mes de Octubre. Ahora ella se goza con Cristo a quien estaba convertida. Pasamos nuestro amor en Cristo a sus familiares y les exhortamos en el Señor que sean consolados en sus promesas de vida eterna y en la esperanza de que nos volveremos a unir con los nuestros en la presencia del Señor Jesucristo.

PETICIONES A LOS RESPONSABLES DE MINISTERIOS

Seguramente que cada persona responsable de los ministerios de nuestra iglesia tienen cosas que contar o compartir de los aconteceres en cada uno de los trabajos. Seguramente serán muchas las anécdotas o experiencias que podéis estar viviendo en cada una de las parcelas en las que ministráis para el Señor. Desde aquí pedimos que nos escribáis y compartáis experiencias que sean de interés para edificación y gozo de toda la congregación, y sobre todo de gran estímulo para los que llevamos esta tarea informativa cada quince días por medio de nuestro boletín. Este es un ruego de colaboración que os pedimos como responsables de los distintos grupos. Gracias.

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LA PAZ PERFECTA

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.

Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a el realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenia montañas, pero éstas eren escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no revelaba para nada lo pacífico, pero cuando el Rey observo cuidadosamente, el miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Alli, en medio del rugir de la violenta caida de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido... Paz perfecta. El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porque? Porque, explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor.

Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la "paz".

ESA PAZ SOLO LA DA  JESÚS..... NUESTRO SALVADOR

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"PERO LO QUE TENGO TE DOY" (Hechos 3:6)

No se trata de tener poca cosa, se trata de tener algo, aunque sea poco. Se trata de desear compartirlo con los demás. Siempre hay quien tiene menos que nosotros, por muy pobres que nos creamos nosotros mismos. Siempre es en lo poco donde podemos dar mayor gloria al Dios de nuestra fe. El Señor valora lo poco cuando existe una disposición de entrega, por ejemplo en las dos blancas de la viuda (Lucas 21:2) o Jesús que tan solo con cinco panes y dos pececillos alimentó a muchos (Juan 6:9) o una vara en la mano de Moisés y los milagros de lo poco se multiplicaron, también con una onda un joven pastor derrotó a un diestro militar, un niño desvalido durmiendo en un pesebre cambió la historia del mundo y unos pocos hombres del vulgo, sencillos pescadores, hombres sin letras, pero que en las manos de Dios hicieron caer de sus tronos a hombres fuertes y poderosos, llenando la tierra del evangelio de Cristo. Lo poco es lo que siempre Dios pide, y es cuando lo entregamos a El cuando el milagro se realiza. Si los creyentes nos diéramos en lo poco al Señor para servirle en su causa la iglesia tendría fuerzas suficientes para cambiar todas las cosas de este mundo. Pero cuando solo somos ricos para con nosotros y pobres para con Dios, la iglesia se queda estancada en su propia pequeñez, porque no usa lo poco que tiene. “Pero lo que tengo te doy” (Hechos 3:6)

Escribe, comparte, ora en solitario con otros hermanos, reúnete con la iglesia, lee y medita en la Biblia cada día, llama a los hermanos, busca tiempo y ocasión para servir, colabora con “TESTIMONIO”, ayuda a la iglesia, préstale atención a cada necesidad y ofrécele al Señor tu pobreza a fin de que El la use para tu propia riqueza, y sobre todo para la gloria de su santísimo nombre ¿Amén?

EDITORIAL

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