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DOMINGO  22 de Septiembre del 2002 - Nº 322

 ¡QUE GRACIA!

¡Qué gracia! Mientras leo en mi despacho, desvío mi mirada hacia los juguetes desordenados de mis hijos, mira hacia un coche de ambulancia con un muñeco sin ojos que lo conduce ¿Por qué los niños serán tan amantes de quitarles los ojos a los muñecos? El muñeco tiene bigote, nariz y oídos, y esto me hace gracia. ¿Dónde estarán los ojos? ¡Vete a saber! Esto me hacia recordar unos versículos de la Biblia en los cuales Dios nos dice a los creyentes que si en nosotros no abundan las cosas buenas acompañadas de otras mas buenas, como son dominio propio mas paciencia, paciencia mas piedad, piedad mas afecto fraternal, afecto fraternal mas amor, el tal es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados (2ª Pedro 1:6-9) Lo cual nos quiere decir, que el creyente tradicionalista y sin fruto es como el muñeco sin ojos de mis hijos (causa risa) Es un espectáculo al mundo y lo peor de todo es que esa ceguera nos impide ver a Dios y sentirle en nuestras vidas. Conducir sin ojos espirituales en la vida de la fe es igual a no llegar nunca a ninguna parte, no alcanzar ninguna meta y tropezar con todos. Lo bueno de esto es que los ojos podemos encontrarlos si queremos. ¿Dónde están? Están en la obediencia a la Palabra, sea dura o menos dura, y si nos revelamos contra ella siempre seremos como el muñeco sin ojos de mis hijos. Ahora “dijo alguien” prefiero que me exhorten y me reprendan para poder ver y vivir, a que me mezan continuamente, me duerma y muera para siempre. Demos gracias a Dios si aun El nos zarandea, quizás sea porque aun estamos vivos y recuperables. Puede ser que mañana ya no lo haga porque ya no lo merecemos, pues posiblemente nuestro corazón de carne, Dios mismo lo ha cambiado por uno de piedra, y entonces seremos irrecuperables. ¡No pisemos nunca la mano que nos alimenta! Mano, la cual nos quiere llevar a prados verdes y frescos. Si pisamos o despreciamos con nuestras rebeldías ahora esta mano, puede ser que Dios mañana nos cierre la ventana de la Palabra autentica y nos entregue a la palabra muerta y sin vida que solo nos hará quedarnos sin ojos. ¿Estaremos feos verdad? Pensemos.

PABLO SALVADOR

FALLECIMIENTO

Deseamos con todo nuestro corazón trasmitir a la familia de Jesús Maqueda (esposo de Melani) nuestro mas sentido pésame por el fallecimiento de su padre, ocurrido en la madrugada del domingo 15 de este mes. Desde aquí decirle que oramos al Señor para que El les consuele como solo El sabe hacerlo, es nuestro deseo y sentimiento para toda la familia.

A PUNTO DE FINALIZAR

Nuestra obra de albañilería está a punto de terminar. Ahora necesitaremos de brazos y manos para pintar, limpiar y organizar, ya que las clases de los niños comenzaran a primeros de octubre.

MANOS A LA OBRA (Hageo 2:4)

Recordamos que todos los ministerios de la congregación ya están en marcha, deseando que cada cual ocupe su puesto de trabajo donde lo dejaron para descansar de sus vacaciones. Los jóvenes ya han comenzado sus reuniones y empiezan a preparan sus actividades. Las mujeres de la Unión Femenina también se están organizando para comenzar sus actividades dentro y fuera de la iglesia. Los profesores de las escuelas dominicales ya están dispuestos para comenzar sus labores con los pequeños. Los hermanos encargados de nuestro boletín ya han empezado lleno de ilusiones y deseos de seguir en este pequeño pero gran ministerio. Nuestros hermanos responsables de las grabaciones también se están preparando para continuar con la buena labor que ha realizado maravillosamente nuestro hermano Eliseo Ojeda, al que desde aquí deseamos darle nuestra gratitud por su labor callada, pero de gran bendición, que ha traído con su trabajo para el Señor. También nuestra librería tiene deseos de seguir ofreciendo sus servicios a todos los miembros de la iglesia y asimismo para el resto de todos o que hacen ministerios silenciosos en la iglesia. Para ellos todo nuestro reconocimiento y amor. ¡Manos a la obra!

HERMANOS ENFERMOS

Necesitamos oraciones por nuestros hermanos/as enfermos. Sigue ingresada nuestra hermana Dalia, en la ciudad sanitaria Virgen del Rocío planta 1ª habitación 146. Están haciéndole muchas pruebas y ella necesita de las oraciones de los santos.

También nuestra hermana Mari Saeta, desde que la operaron sigue teniendo problemas con su tensión, por lo que acudimos a todos los hermanos en oración para que no se olviden de ella. Antonio Gil, Carmen Cabezas y David Ruiz también necesitan de nuestras oraciones.

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¡HASTA LUEGO!

El pasado 18 de agosto, mi amigo y hermano Santos Holgueras Esteban, nos dejaba para emprender un viaje hacia las estrellas al encuentro de su Señor. Había rebasado ya los ochenta y cinco años y hacía meses que no compartía cultos con nosotros sus hermanos, en el veintinueve de la calle Mariano Benlliure de Sevilla en que se ubica la Iglesia de Cristo donde le conocí, y ello porque últimamente su deterioro fisico había sobrepasado ya los niveles que permiten soportar la edad en que la naturaleza humana demanda una transformación.

Sin embargo y a pesar de su avanzada edad, debo decir que su capacidad para sostener un diálogo no había decaído pese a que la memoria para recordar acontecimientos, frases o palabras ya había quebrantado sensiblemente el importante bagaje de conocimientos, adquiridos por el estudio y la experiencia que él demostraba cada vez que nos reuníamos para charlar. Particularmente me deleitaba escucharle, sobretodo porque éramos coincidentes en muchos puntos de vista que acerca del catolicismo romano compartíamos.

De vez en cuando me hacía partícipe de pensamientos que elaboraba en su incesante exprimir la Palabra bíblica, cuya tarea le ocupaba la mayor parte de su tiempo, incluso me dio a leer en más de una ocasión, aquellos que él transcribía en cuadernillos que después guardaba cuidadosamente, con el propósito, no siempre satisfecho, de compartirlos con sus hermanos en la Iglesia.

Fue hombre afable, admirable y digno seguidor de las Sagradas Escrituras, de las cuales, muchos fragmentos recitaba de memoria, ejemplo vivo de la pasión que le suscitaba su frecuente lectura.

Cuando oraba lo hacía en plena certidumbre de fe; sentimiento y convicción que transmitía, despojándose de ese superfluo engreimiento que muchos de nosotros conservamos, porque todavía seguimos necesitando ser amamantados con la leche primigenia de la que nos habla el Apóstol Pablo en el versículo 2 del cap. 3 de su primera carta a los Corintios. Creo sinceramente que derramaba todo el amor que había recibido de su Creador en su largo caminar junto a El, viviendo sinceramente el privilegio recibido, (que muchas veces mencionaba en sus exhortaciones), cuando conoció a su Salvador y Maestro.

Hermano Santos, te guardamos junto al recuerdo íntimo de todo aquello que supiste damos y que atesoramos en nuestro corazón, aunque no por ello queremos decirte adiós, sino ¡Hasta luego!

Juan López Santa.

 

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